Volar o navegar

Por las fechas que corren, preparando la próxima edición de esta guía, en vísperas de primavera, ya tenemos a media España temblando bajo la amenaza de los sindicatos de personal de las compañías aéreas de una huelga de veinte días en las fechas más críticas en lo que a actividad turística se refiere. No hace mucho los controladores aéreos ya tuvieron en vilo a la otra media España con una actitud que casi pone al país en pie de guerra.

Por fortuna nosotros vivimos en una isla, o sea "tierra rodeada de mar por todas partes", a la que tanto invasores como colonizadores han llegado siempre por mar. El transporte marítimo es más placentero, más seguro, más económico y más respetuoso con los viajeros. Veamos: Embarcamos unos minutos antes, sin estrés; generalmente desde un puerto céntrico; no nos registran; podemos llevar encima los artilugios más sospechosos; nos dejan pasear arriba y abajo sin reñirnos; podemos ir a tomar una copa al bar; comer o cenar; hablar por teléfono... y si somos un poco listillos hasta fumarnos un cigarrillo en aquella zona más o menos escondida a donde acude la marinería.

En cambio para desplazarnos por aire debemos despertarnos 2 horas antes para llegar con una hora de antelación a un aeropuerto que suele estar en la periferia; el 80% de las veces el avión sale con retraso; el 40% de las veces nos mandan las maletas a Tenerife; nos tratan como a delincuentes, presuntos terroristas o abusadores de menores; nos expolian, nos desnudan y nos humillan. Y llegamos –casi siempre tarde y a horas intempestivas– a otro aeropuerto en el que ya no hay transporte público y una retahíla de taxistas están al acecho para sablearnos.

Volar o navegar: esta es la cuestión. La decisión es nuestra: entre empezar las vacaciones con un cabreo supino en el mostrador de un aeropuerto o bien comenzarlas desde el preciso momento en que embarquemos disfrutando de la serenidad del mar, el sol y el cielo.

Si decidiésemos cambiar nuestros malos hábitos otro gallo nos cantara. Tan sólo hace falta que las navieras espabilen y fleten sus embarcaciones rápidas (que las tienen) durante todo el año y con la suficiente frecuencia. Y que den al viajero todas las facilidades y comodidades que prometen: buena comida, salas de cine, guardería, etc. De este modo los controladores aéreos ya dejarían de considerarse imprescindibles y rebajarían sus pretensiones aceptando sueldos de acuerdo a su capacidad y solvencia: digamos, no más que el que percibe un jefe de planta de El Corte Inglés. Los Capitanes de la Marina Mercante estudian muchos años y dedican muchos más a prácticas de navegación antes de tomar el mando de un buque. Y cobran un sueldo aceptable (no de controlador). Además los buques consumen menos que las aeronaves, no necesitan controladores, son menos peligrosos, no son la diana de sabotajes y actos terroristas y ...no se caen.

Estoy dándome cuenta de que, hoy en día, volar es demasiado complicado. Las soluciones simples son siempre las más válidas. Llegará un día en que, desde las islas, sólo se utilizarán los aviones para emergencias, acudir a entierros y transporte de políticos y yupies. Los demás, la gente normal, disfrutaremos de una buena flota de buques que nos transportarán sin estrés y con todas las comodidades.