Seguimos fieles a nuestros criterios básicos de selección que hemos mantenido desde el inicio. A saber:
A.- CRITERIOS GASTRONÓMICOS:
*Ante todo, buena calidad de las materias primas. Elaboración cuidada y natural.
*Platos que representen -en su mayoría y en lo posible- la cocina mediterránea y tradicional de nuestro país. Cuando se incorporen ingredientes de cocinas foráneas, éstos deben servir para realzar su calidad o crear nuevas recetas que respeten -y sobretodo no disfracen- sus sabores y texturas básicos.
*Máxima garantía en cuanto a la estabilidad del local, tanto en su enfoque gastronómico como en su dirección.
B.- SERVICIO:
* Nuestras islas tienen su particular idiosincrasia. Nuestros restaurantes no escapan de ella: el clima de libertad, relajación y condescendencia que las envuelven permiten que el personal que nos atiende presenten un look que en otros lugares más convencionales serían mal aceptados, del mismo modo que nuestros clientes sienten un cierto rechazo al servicio clásico de hostelería (el que se encuentra en hoteles y cadenas hoteleras), con sus vicios y amaneramientos que en las grandes capitales suelen ser de rigor.
Se valora: su amabilidad, simpatía, diligencia, efectividad, decoro y limpieza. Se rechaza a los pedantes, resabidos, enteradillos e indiscretos.
Nos trae sin cuidado (incluso nos gusta): su condición sexual, las minifaldas, peercings y tatoos, y nos importa bien poco que hablen suahili o esperanto (para esto están las cartas y los maitres), que escancien el vino o que nos sirvan por la izquierda o por la derecha.
*Respecto al servicio de mesas (eliga entre estas dos opciones):
Primera opción: disfrutar de una rotja de Formentera al horno, cocinada con aceite de oliva virgen de Jaén, acompañada de patatas de San Llorenç, -eso sí- en una mesa pintada a brocha y servilletas de celulosa, colgados sobre una cala de aguas cristalinas y servidos por una amable camarera con sandalias de Prada y una flor de lis tatuada en su tobillo.
Segunda opción: martirizar nuestro estómago con un pollo de Avidesa -torturado para su rápido crecimiento- bañado en salsas de Ofistrade y guarnición de verduras congeladas de Frudesa, -eso sí- en mesas vestidas y revestidas, cuberterías de alpaca, cristalerías de Murano, vajillas de porcelana de Sèvres y un camarero con bigote que trabajó una vez con Arzak, embutido en un smoking de los años 70 y calzado con zapatos negros de cordones.
Si se decanta por la primera: ahí nos tiene.
Si es un fan de la segunda: encontrará un montón de guías gastronómicas que valoran ciertos elementos - muy respetables- como imprescindibles para su selección.
C.- CRITERIOS LÚDICOS:
Partimos de la base de que un restaurante es un local en dónde dan de comer. Y tiene que hacerlo bien. También -como que no se trata de un self-service- valoramos la calidad de su servicio. Dos puntos básicos : calidad y servicio. Ahora bien: en nuestras latitudes y en nuestra cultura -esto no es Massachusetts "I'm sorry, I'm in a hurry"- la comida cumple también una función social, así que el entorno en el cual disfrutemos de nuestras comidas y cenas tiene su importancia y debe ser valorado. Afortunadamente nuestras islas son privilegiadas en cuanto a la belleza, gusto y sensibilidad con que la mayoría de locales gastronómicos están dotados. Si lo relaciona con su extensión o con su población, posiblemente no encuentre en todo el mundo, tantos restaurantes de buen gusto, por metro cuadrado o por habitante.