¿Pescado freco de la isla?

Ya sabemos que la escasa actividad pesquera local no da para todos. Y especialmente en temporada alta. Sucede algo parecido a lo de las "calas escondidas y vírgenes": simplemente no existen; a no ser que disponga de un barco y un patrón experto (..y aún). Comprendo que al llegar a una isla mediterránea, el ingenuo visitante albergue ilusiones y sueños que ha alimentado desde tierra firme, pero la "promoción disco-clubber" y la tan alabada "globalización" -además del euro- nos han jodido a todos.

Como aún sigo siendo un optimista, sigo creyendo que (junto con la Costa Brava) tenemos las mejores especies marinas comestibles del mundo: El raor, la rotja, el gallo San Pedro, la gamba roja, el calamar de potera, el denton, el mero y el pargo, la cigala ibicenca...y un sinfín de especies de pescado "azul" que cocinadas al estilo pitiuso, representan un plato de privilegio.

Pero lamentablemente no es oro todo lo que reluce: Gallos y rotjas del índico africano, bogavantes del lago Ontario del Canadá, cigalas "ibicencas" de Islandia, raors de Almería y así sucesivamente.

Todo esto sin contar la masacre de atunes rojos llevada a cabo por la flota mixta de pesqueros japoneses y avionetas francesas que cada año arrasan nuestras costas para venderlos - a precio de angulas- como "sushi" en el país del sol naciente.

Y para rematar la cuestión: las tan defendidas piscifactorías. Con el argumento de que "al fin y al cabo fresco si que es, porque está vivo, y más vale esto que congelado", nos estamos comiendo doradas, lubinas y rodaballos, procedentes de Andratx, Huelva o San Pedro del Pinatar, alimentados y cebados con "pienso" y atiborrados a antibióticos. Y algunos restaurantes tienen la barra de exponerlos al público conservando aún una etiquetita pinchada al estilo de una prenda de Mango.

Y ya no hablemos de los congelados: merluza (?) chilena, sucedáneos de lenguado (bruixas, sollas, limandas, mendos, etc), gamba que no sirve ni para la paella de turistas... O sea: pescado "de hotel".

Resumiendo: Usted, señor restaurador, puede vender lo que le venga en gana, siempre que esté de acuerdo con los controles sanitarios, pero -eso sí- diciéndonos lo que es. Si es congelado, pues muy bien: "Señor cliente, la merluza es congelada y de Chile, ...pero mire el precio". Pues vale. O bien: "la dorada es de piscifactoría... pero claro, el precio no es el mismo". Pues también vale. Al fin y al cabo no nos van a engañar, pues cuatro doradas "clónicas" que pesan las cuatro exactamente 432 gramos y miden exactamente 23 cm. ya sabemos de donde vienen. ¡Ah!, pero el avispado restaurador ya le ha encontrado el truquillo: servir las piezas fileteadas y denominar al plato "supremas de lubina al estilo del chef", que traducido al llano romance sería algo así como "pescado proveniente de Dios sabe dónde, y camuflado con una salsa picante tailandesa porque lleva una semana en la nevera tuteándose con la merluza chilena".

Señores, hay que ser honesto y llamar a las cosas por su nombre. "Pescado fresco de la isla" no significa otra cosa que esto: Pescado de la mar que nos rodea que ha sido pescado artesanalmente hace escasas horas. Y punto. Y luego nos cobra lo que vale y nadie rechistará.

Venga, a aprovechar que nos queda poco