Los ranchos marineros

De todos es conocido que los "ranchos" marineros nacieron de la escasez y la pobreza, y precisamente por ello poseen la sencillez y autenticidad que les caracteriza. Su principal virtud consiste en utilizar materia prima de un máximo frescor, pero además - y esto sí es importante- estás elaboradas "in situ". Aún recuerdo, cuando era niño, ver llegar a puerto las barcas de bou, que faenaban de noche. Uno de la tripulación, constituido en improvisado cocinero, subía a bordo y separaba generosamente el pescado que luego utilizaría para el rancho; ejemplares espinos y de poca talla, de alto valor culinario, aunque problemáticos para su venta:

congrios, ratas, xuclas, aranyas, espets, esparralls; regalándose con algún ejemplar de rape o rotja. El 70% estaba ganado. Así nacieron los humildes ranchos marineros.

Más tarde, la incorporación en sus barcas de motores cada vez más potentes, junto a la mejora de las artes de arrastre, permitieron acceder a caladeros más lejanos y capturar especies como la gamba y la cigala que incorpororan a esos platos, pasando luego a los hogares y tabernas de los puertos, donde se completarían con el sofrit y la picada, alcanzando el reconocimiento que hoy día merecen.

Nuestra geografía costera nos ha gratificado con platos como la caldereta de Menorca, el suquet de San Feliu, la bouillabaise de Marsella, la sarsuela de Barcelona, el marmitako de Cantabria, el romescu de Tarragona, el arròs a banda del Delta del Ebre y en las Pitiusas, el bullit, el guisat y la burrida.