Cova santa

Parece ser -por lo que reiteradamente aparece en la prensa- que los propietarios de una conocida discoteca de Sant Antoni, tienen la intención de comprar (o han comprado ya) uno de los lugares que, aún por el momento, aparece en los itinerarios turísticos como parte del patrimonio cultural de la isla de Ibiza: sa Cova Santa. Los vecinos de la zona ya se han puesto en alerta pues ven llegar al lobo con piel de cordero.

A nadie se le escapa que, tras la excusa de recuperar uno de los locales más antiguos de la isla y en vistas a funcionar con horario diurno (léase "nocturno tras la salida del sol"), se esconde un futuro after-hours, lugar que, bien es sabido, recoge a lo mejor de cada casa de la movida nocturna.

Lamentablemente, el tramo de carretera de Eivissa a Sant Rafel consta ya en las estadísticas como un punto negro donde, cada año, dejan sus vidas un apreciable número de turistas y residentes. Ahora le toca a la carretera de Eivissa a Sant Josep: más trabajo para las fuerzas de seguridad, más molestias para las ambulancias y los médicos de guardia de Can Mises; más riesgo de ser detenidos por indicios de alcoholemia, a las cuatro de la tarde, sospechosos de proceder de tan sagrado lugar, cuando de lo único de que nos sentimos culpables es de haber disfrutado de una buena comida en Sa Caleta o en Cana Joana, acompañada de un buen vino de Rioja y permitir a sus amables propietarios nos regalasen con una copa de hierbas ibicencas.

Dicen por ahí que tal macro-cueva-after no será un tugurio de gente de mal vivir, sino que se habilitará la cueva para celebrar fiestas privadas de "famosos". No veo qué famosos cometerán la negligencia de encerrarse en la boca del lobo tras un estrecho pasillo de cuerentaytantos metros, a otros cuantos metros bajo tierra y sin salida de emergencia alguna (aunque, bien pensado, salir en las páginas de sucesos es una buena forma de convertirse en famoso).

Para más inri, se pretende camuflar la ya tan deteriorada imagen discotequera instalando un restaurante de "superlujo" con vivero de ostras, langostas y bogavantes. No creo que los tornero-fresadores de Leeds, las dependientas de Mark & Spencer de Manchester y los maquinistas ferroviarios de Liverpool estén mínimamente interesados en la gastronomía del bivalvo y el crustáceo; es más: probablemente les produzcan arcadas tan horrendos ejemplares. Aunque sí es posible que - tras embadurnarse con espuma en el santo recinto- se les ofrezca saciar sus estómagos con el único plato que les va como anillo al dedo: el "baKalao al pill-pill".

Ya tenemos una Capella y un Vaticano funcionando como restaurantes. Ahora una cueva Santa convertida en pastillódromo. Pronto asistiremos a una sesión trance a cargo de una réplica del Papa Voitjila como dj.

Incomprensiblemente ya ha aparecido en alguna publicación una chabacana publicidad de este local como si ya estuviera abierto (cuando ni tan siquiera les ha sido concedido el permiso de obras), bajo el ininteligible slogan "The new place to be" y con textos exclusivamente en inglés, lo cual delata descaradamente el enfoque turístico-sajón-cutre que se le piensa dar.

Confiamos en la sensatez y sentido de responsabilidad de nuestras autoridades y del Ajuntament de Sant Josep, junto al respeto a la vecindad y a toda la isla.

Mucho debería equivocarme si me atrevo a aventurar que este verano (y posiblemente nunca) este "local" no se abre.

Ya tenía razón mi tía Engracieta al afirmar que "cada cual tiene lo que se merece" y que -tiempo al tiempo- "a cada puerco le llega su San Martín".